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Silencio. Brisa que toca y aleja condescendiente. No es
hora de molestar. El momento. El silencio se deja escapar entre los goznes de la
puerta.
Ella no puede más. Se encierra para dar cobijo a su inútil
cobardía. Estar sola.
Que el silencio no la perturbe en su infinita soledad.
Quiere estar sola y a la vez huye de toda soledad.
Marcar un número, como al azar.
Enviar un mensaje, como en una botella arrojada al mar.
Lanzar un grito.
Esperar....esperar que tal vez llegue, tal vez llegue su destino. Llorar por el
simple hecho de hacerse la victima consigo misma. Reír por el miedo a sentirse
tan triste y tan ridícula.
Esperar con motivo de que todo llega, en lugar de buscar.
Buscar qué y para qué ... todo ... nada ... tiene sentido, poner sentido, un
culpable que disfraza de otro que no es ella.
Culpar, culparse, mandar todo a la mierda.
Querer escapar. Pero escapar de si misma. Del silencio.
Del dolor que siente de no quererse. De engañarse y decirse que todo cambia, que
todo llega ... y no lanzarse como lo habría hecho años atrás.
Odio a tener miedo. De qué, porqué. De que le hagan daño
otra vez. Agarrar, esconder en su puño algo que palpita y siente. Jamás lo
mostrará. Es suyo. Se queda, callado, ya no palpita, la deja sola. Sola, triste,
ni siquiera está el silencio. El silencio escapó hace ya rato. La dejo sola ...
tal y como ella quería.
Ahora es ella quien le echa de menos.
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